¿Cómo ha cambiado el agro del sur en 26 años?

Publicado: 31 mayo, 2010 en Sin categoría

Si hay un concepto que define lo que ha sucedido en los últimos 26 años en materia agrícola, ése es “productividad”. Claro, hacer rendir más un cultivo en el mismo espacio (y en menos en algunos casos) es una realidad irrefutable.

“Antes, todo era más artesanal. A mediados de los 80 veníamos saliendo de la crisis y competíamos con nuestros vecinos. Ese era nuestro campo de acción. Los mercados internacionales eran lejanos y no había tanta información”, destaca Arnaldo González.

Este pequeño productor agrícola de Lautaro tiene razón. Las cifras oficiales así lo confirman. Hoy, los agricultores son más productivos y competitivos, pese a que la superficie destinada a algunas labores se han reducido en varias regiones.

En 1984, los trigueros -por ejemplo- tenían un rendimiento promedio de 23 quintales por cada hectárea. Por el contrario, en el año 2008 el promedio estuvo en torno a los 45 quintales.

Allí un ejemplo. ¿Quiere otro? En 1984, el promedio del maíz eran 59 quintales por hectárea; en 2008, eran 105. Y las papas pasaron de 144 a 205 quintales de rendimiento por cada hectárea en 26 años.

Este incremento de la productividad tiene su explicación en el uso de la tecnología y de las innovaciones que han revolucionado algunas actividades.

Así lo cree el productor de papas Fernando Silva, quien sostiene que la especialización en rubros hizo mejorar las condiciones, lo mismo que el tratamiento del suelo y el manejo de los cultivos. “Ahora todo es más profesional. Todos debemos asesorarnos; de lo contrario no se puede seguir en el negocio. Es el caso de los remolacheros. A la larga quedaron vivos los que tienen mejores rendimientos y los más capacitados. Y eso obliga a estar encima del trabajo del campo”, acota.

Pero la productividad no es todo lo caracteriza a la agricultura y la ganadería en los últimos 26 años. El retroceso del territorio destinado a estos fines o el reemplazo por otros usos o grupos de cultivos, es marcado.

En 1984, se sembraban en nuestro país 506 mil hectáreas de trigo. 26 años más tarde, la realidad es sorprendente: hay 254.281 hectáreas menos. Ello, pese a que la producción total -comparando ambos años- es similar, con poco más de un millón 150 mil toneladas.

Y en cuanto al total de los cultivos anuales, éstos disminuyeron desde 1.095.298 hectáreas en 1984, a 596 mil en la más reciente. En resumen, una caída de 45,5% en la superficie sembrada.

La realidad regional es similar. En 1984 las siembras de trigo se ubicaban -al igual que ahora- en las regiones de La Araucanía y Bío Bío principalmente. Y en ambas se observan importantes disminuciones: en la Octava Región pasaron de 136 mil a 84 mil; y en la Novena, de 142 mil a 107 mil.

“Coincido plenamente con lo que se ha señalado por parte de los dirigentes gremiales, que dicen que esto se debe a la falta de una política que proteja a la producción nacional. Esto es algo que es así hasta hoy y que hace que año a año tengamos menos trigo cosechado. Y para qué hablar de otros cultivos que están a medio morir saltando”, reconoce César Manque, un pequeño agricultor de la provincia de Cautín que ha visto como en la presente temporada ha debido guardar buena parte de su trigo húmedo y sin muchas opciones de venderlo.

Otro de los fenómenos que se observan con el paso del tiempo, se refiere a la especialización de los sectores productivos regionales. Así, por ejemplo, se aprecia que en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, además de La Araucanía, se concentra la mayor parte de la actividad pecuaria.

Esta tendencia hace que  en 2007 -en el marco del Censo Agropecuario- las cabezas de ganado en estas tres regiones sumaran 2,3 millones. Es decir,  el 62% de los bovinos se encuentra en estas tres zonas.

“Esto habla de cómo se ha trasladado hacia el sur la producción pecuaria. En la zona central la ganadería compite con otras actividades como la fruticultura o las viñas. Acá aún queda espacio y buenas praderas”, reconoce el ganadero de La Unión, Esteban Ramírez, quien igualmente considera que faltan políticas que estimulen el crecimiento de la masa ganadera.

En cuanto a la leche, se observa una tendencia de crecimiento -aunque con matices- desde 1971. Entre ese año y 1986, la producción y la recepción de leche en plantas procesadoras creció muy lentamente (a una tasa del 1,2%), aunque con importantes fluctuaciones cíclicas.

Luego, en 1986, se inició un crecimiento acelerado y sostenido que llevo a la recepción de leche de las plantas a su nivel récord en 2008 con 1.971 millones de litros y una producción total estimada en 2.300 millones de litros -en 2009 hubo una importante baja coyuntural-.

“El problema de este rubro no está en nuestra capacidad de aumentar la producción. Eso  está probado que se puede lograr. El tema son las condiciones externas”, sostiene Eduardo Cárdenas, productor lechero de la zona de Lago Ranco.

En efecto, los cálculos más optimistas hablan de hasta triplicar la producción de leche de las regiones del sur, que hoy supera los 1.500 millones de litros. Algo que se podrá analizar, quizás, en el aniversario número 35 de del Campo Sureño, en 2019. O quizás antes.

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