Las penurias de las papas en Chile

Publicado: 24 junio, 2010 en Sin categoría

El mercado de la papa en Chile tiene un techo, un límite, un signo Pare. Pero no todos se dan cuenta. Esta es una de las premisas de Emilio Schnettler, presidente de la Asociación Chilena de la Papa y asesor privado del rubro.

Este ingeniero agrónomo de 44 años ha dedicado gran parte de su vida a este cultivo. Y la experiencia le da una mirada particular y muy franca. Tanto que a veces su postura suena como a una visión apocalíptica del tercer cultivo más importante de Chile -en superficie sembrada-.

Desde su perspectiva, hay una lectura del mercado que los productores no están realizando, lo que lleva hoy a  este tubérculo a pasar una serie de pellejerías.

En el mercado del sur, por ejemplo, un saco de papas de 50 kilos se vende a unos 4 mil pesos. Y el costo de producirlo oscila entre 4 y 6 mil pesos. Es decir, hay un problema serio para miles de agricultores.

“En el caso de la papa, no tenemos grandes industrias procesando.No es como el caso de la leche, donde hay un esfuerzo exportador, con grandes industrias proyectando vender millones de litros. Por lo que esta realidad hay que saber leerla”, sostiene Schnettler.

-¿Pero el problema de rentabilidad es del agro en general, no es exclusivo de la papa?

-Claro, los productores han tratado de compensar la falta de rentabilidad, con mayor productividad. En 1990 un quintal de trigo se valoraba en el mercado a 1 UF; hoy, cuesta menos de media. Eso muestra que ha habido una fuerte caída de la rentabilidad. Pero eso ha generado un importante flujo de tecnología e innovación. Uno eso lo lleva a diferentes rubros y tenemos que pasaron de ser meros productores a empresarios agrícolas.

-Eso parece positivo, ¿cuál es el problema con eso?

-Chile es un país relativamente pequeño, con 15 millones de habitantes. Pero tenemos una capacidad productiva que lo supera con creces. El ejemplo más claro es la remolacha. En una década los rendimientos se multiplicaron varias veces y llevaron a Chile a ser el país que tiene la mayor producción de azúcar por hectárea. Pero así y todo, el cultivo tiene una viabilidad cuestionable. ¿Qué sucede? Que esta capacidad de producción tremenda, tiene que ser orientada hacia el exterior. Y Chile tiene una vocación exportadora. En ese sentido, hay que profundizar esto con acciones políticas y de mercado.

-Pero la papa no tiene esa chance…

-En el caso de la papa, el tema es que el mercado internacional de la papa fresca es mínimo. Y la industrialización en Chile es un capítulo muy pendiente. Lamentablemente no se ha podido avanzar. No se ha podido lograr la instalación de grandes actores de la industria.

-¿Y esto a qué se debe si se considera el gran potencial del sur?

-Nos ha costado. No tengo una respuesta tan nítida. Tal vez en su minuto, cuando la empresa canadiense McCain pensó en instalarse en Chile, nosotros perdimos esa oportunidad. Entonces se decidió por Balcarce en Argentina, que les ofreció una serie de garantías y beneficios que le hicieron instalarse allá.

-McCain volvió hace algunos años

-Justamente, antes de la crisis ellos estuvieron estudiando reabrir su proyecto Chile, pero vin0 la crisis y esto se suspendió. Sin embargo, tengo la esperanza que en un par de años más, le van a dar luz verde al proyecto agroindustrial de Pitrufquén-Freire. Eso es algo que esperamos porque permitirá tomar 200 ó 300 mil toneladas de papas frescas, procesarlas y exportarlas a otros mercados.

¿La ausencia de la agroindustria es uno de los problemas en definitiva?

-Claro, nos limita productivamente. La oferta de papa en Chile tiene que estar en sintonía con la demanda. Y la demanda tiene un límite, por lo tanto la producción también debe tenerlo.

-¿Y hoy no se da esa regla en el mercado?

-Efectivamente. Estamos produciendo más papa. Se incorporan más productores, con más tecnología, con más riego. Y al producirse más papa, viene la pregunta de rigor: ¿será la demanda capaz de absorber la oferta? Y la respuesta es no.  Vemos que no se da esa linealidad y que los precios se desploman cada vez que se da una sobreproducción.  Eso tiene una serie de consecuencias económicas, porque se produce para vender debajo del costo.

-En ese escenario, ¿cuál es el llamado?

-El llamado es a la cordura de los productores. Plantearles que deben evaluar muy bien sus proyectos, considerando no sólo aspectos técnicos productivos, sino también económicos y comerciales.

-El que no exista un mercado formal y normado ¿es otro problema?

-El gran mercado comprador de papa es libre, extremadamente atomizado. En las grandes ciudades son los mercados mayoristas y las ferias, pero es un comercio que se verifica principalmente a través de miles de pequeños comerciantes. Las cadenas de supermercado están comenzando a comprar cada vez más, pero todavía no son relevantes y no determinan la dinámica del mercado. En definitiva, el flujo de información es confuso y dificulta la toma de decisiones. Pero esa es una realidad. En el cultivode la papa opera a extremo el libre mercado.

-De allí que sea un cultivo “añero” donde los precios oscilen de una temporada a otra.

-Efectivamente, en la papa los impactos son relativamente rápidos, de uno a tres años en función de los resultados recientes, que determinan los ciclos de precios. Después de un año muy bueno, viene el entusiasmo, las ganas de crecer y querer producir más. Y luego, por lo mismo, viene una caída de los precios. Por ello, a lo que se debe optar es a lograr estabilidad, porque es imposible desarrollar el cultivo sin una perspectiva de largo plazo.

-Es decir, hay una especie de irreponsabilidad del productor…

-Es necesario que el agricultor esté constantemente auscultando las intenciones y movimientos del mercado, para  no generarse expectativas que no tienen fundamento.  Hay que ser bien realistas y precisos, para tomar decisiones con el máximo de apego a las variables del mercado.  Porque tenemos un mercado atomizado. Es todo lo contrario a lo que ocurre en la leche, la remolacha o incluso el trigo. Acá son miles y miles de productores y compradores que influyen en el mercado. Y es muy difícil ponerlos de acuerdo.

¿Hay experiencias de otros países que entreguen luces de cómo desarrollar el rubro?

-Sí, en otras partes se dan experiencias en ese sentido. En Estados Unidos, por ejemplo, el grueso de la producción va a dar a la agroindustria. Y otro porcentaje se vende en supermercados. El caso europeo está dado por el cooperativismo: las cooperativas son las que comercializan las papas. Este vínculo va generando los pasos en cuanto a qué se hace y cómo se avanza.

-Lo cierto es que en la temporada actual, la papa y los productores están en problemas.

-Este ha sido un año muy particular. Estamos con precios muy malos, comparables a 2004. Hoy, vamos por el mismo camino. Hubo muchas dificultades para sacar adelante el cultivo, dado los ataques de tizón tardío. Hoy, hay muchas toneladas de papas guardadas en bodegas y otras aún sin cosechar.  Y no se ve por donde se dé una  mejora en los precios. Estos precios deberían mantenerse por un tiempo.

-¿Esta realidad debería hacer replanter la viabilidad de sembrar papas este año?

-Yo creo que es conveniente replantearse temporada a temporada. Creo que uno no puede seguir para adelante como si nada hubiera pasado. Acá van a haber consecuencias por los malos resultados de la papa. Pero debemos preguntarnos qué pasa si volvemos a tener un año malo. Esto sucedió en los 90, cuando hubo 4 años muy malos, uno detrás del otro. Y esto generó una estampida de gente del rubro y un freno en la aplicación de tecnología, que tuvo consecuencias nefastas para el rubro.

-¿Con todo, cómo proyecta la temporada que viene ?

-Probablemente será como ésta. Con precios bajos, pues hay mucha semilla barata dando vueltas. Y esa semilla se terminará plantando sí o sí. Todos creen que el de al lado se va salir del cultivo o va a caer antes que él. Y todos esperan que se dé esa lógica. Por ello, probablemente será otro año de malos precios.

-¿No parece conveniente que el rubro toque fondo para replantear el cultivo?

-Yo creo que allí está el punto. Hoy deben definirse como paperos, aquellos que estén interesados en desarrollar el cultivo. Pero no sólo de crecer en superficie, sino también en integración vertical, sumarle valor agregado. Entregar una papa mejor presentada, lavada, con mejor calidad, diversificar sus usos, instruir al consumidor en cuanto a su potencial. Y por otro lado, defender las propiedades benéficas que tiene este tubérculo en la dieta. Creo que en nuestro país, no puede haber espacio para los productores que sólo se dediquen a largar papas al mercado. Esa transformación debe darse. Los agricultores deben unirse y asociarse. Es un desafío en la agricultura,  porque en general los productores son individualistas.

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