OPINIÓN: Denominaciones de origen e identidad

Publicado: 24 junio, 2010 en Sin categoría

Nuestro país es mundialmente conocido por su producción de cobre, sus excelentes vinos, su impresionante desierto, e imponentes volcanes y lagos  en el sur.

¿Pero qué pasa con la inmensa  variedad de productos agropecuarios y silvoagropecuarios únicos e inimitables en su calidad y origen?

La lista es extensa: el merkén, los corderos magallánicos, las cerámicas de Pomaire, las sandías de Paine, sólo por nombrar algunas.

  El reciente Seminario Gourmet Étnico realizado por la Escuela de Agronomía de la Universidad de Católica de Temuco, puso nuevamente sobre la mesa la importancia de proteger la tremenda riqueza productiva con la que contamos y que desde diciembre de 2005 (ley 19.039) se puede realizar mediante dos tipos de certificaciones: Indicación Geográfica (IG) y Denominación de Origen (DO).

Pero ¿por qué certificar nuestros alimentos? Porque las ventajas son significativas para consumidores y fabricantes. Para los primeros, la Denominación de Origen garantiza un nivel de calidad constante, entregándole un valor agregado al producto. Prueba de ellos es que en los mercados europeos, los consumidores están dispuestos a pagar un precio mayor por aquellos alimentos que cuenten con este tipo de certificación.

Esto, porque asegura atributos y cualidades que suponen una vinculación especial con el medio físico, la historia y la cultura.

En el caso de los productores, la ganancia también es grande. Además de lograr una mayor organización del sector, obtienen protección legal contra la mala elaboración de sus productos y se les facilita un mayor acceso a mercados nacionales e internacionales, lo que finalmente se traduce en una mayor rentabilidad para el sector.

Lo cierto es que a pesar de los beneficios, la protección de los productos agropecuarios y silvoagropecuarios chilenos está por debajo de la realidad de países como México o Perú, quienes entendieron en valor de este proceso y han desarrollado un importante trabajo en esta área.

Previa entrada en vigencia de la ley 19.039, sólo tres productos gozaban de protección como denominación de origen en nuestro país: el vino asoleado, el pajarete y el pisco. Hoy, cuando ya han pasado 5 años de esto, sólo los limones de Pica, como Indicación Geográfica,  cuentan con esta certificación.

De acuerdo a la nueva legislación, sólo las agrupaciones de productores, fabricantes o artesanos chilenos cuyos predios o establecimientos de fabricación, y/o producción se encuentren en la zona geográfica delimitada como tal, y que cumplan además con los lineamientos de uso, establecidos en el Reglamento de Uso y Control de la DO,  podrán  hacer uso  para sus productos,  del reconocimiento como denominación de origen, no obstante lo anterior, sí se reconoce la posibilidad a las agrupaciones de productores, fabricantes o artesanos chilenos, que  aún cuando no hayan formado parte de la solicitud de reconocimiento inicial, puedan hacer uso de ella, siempre y cuando cumplan con los requerimientos técnicos y de uso, que establece tanto la ley como el citado Reglamento.

También podrán hacerlo las denominaciones de origen  extranjeras para productos que hayan obtenido tal calidad en su país de origen y en la medida que tal certificación se encuentre en vigencia, por ejemplo un vino italiano.

  Chile hoy tiene el desafío y oportunidad de mostrar al mundo que cuenta con productos únicos e inimitables en su calidad y origen. Una tarea a la que sin duda está llamado el sector público, académico y privado.

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