El dilema de las semillas certificadas

Publicado: 5 julio, 2010 en Sin categoría

La exportación de semillas va en franco aumento en nuestro país. En 2009, totalizaron 415 millones de dólares, casi el triple del monto de 2003.

Hablamos de un rubro que gana en importancia y que tuvo una actividad de relevancia nacional hace algunos días en Valdivia, en el seminario denominado “Mercado de semillas en Chile: Legislación, Producción y Comercio”.

La jornada fue organizada por el Instituto de Producción y Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Austral de Chile y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de la Región de Los Ríos y reunió a los más importantes  actores del mercado de las semillas.

Se trata de un rubro que tiene una característica muy definida: su marcada orientación hacia los mercados de exportación, lo que se ha traducido en la multiplicación de variedades para el exterior; y en que la superficie de los semilleros certificados para el mercado nacional sea cada vez menor.

En resumen, el uso de semilla certificada en Chile para consumo interno, es marginal, aunque prácticamente no existen cifras oficiales respecto de participación sobre el total  de la superficie cultivada.

Este fue justamente, uno de los temas que cruzó el evento que contó con la presencia de destacados expositores, tanto de la empresa privada, como de organismos públicos y de investigación.

Guillermo Aparicio, ingeniero agrónomo de la División Semillas del SAG, reconoce que Chile ha sido “bastante exitoso en el tema  de exportación,  no así en  la semilla para el mercado interno”.

En tal sentido, agrega que es difícil cuantificar y analizar el tema en su conjunto. Ello, pues “la semilla certificada para el mercado interno es bastante reducida. Solamente,  tiene alguna significación el  trigo que sabemos que equivales al 25% de superficie sembrada”.

Algo que tiene claro Mario Schindler, gerente ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores de Semillas A.G. (Anpros), quien reconoció el problema.

“Estamos  mal en cuanto a la certificación en el mercado nacional, eso significa está bajo la 4 mil hectáreas”, acota, dando cuenta de un tema que viene cuesta abajo hace ya un tiempo.

De hecho, entre 1997 y 2007, la superficie bajo certificación para exportaciones creció 99,3%, desde 10.023 hectáreas a 19.979 hectáreas.-

Como contrapartida, los semilleros bajo certificación nacional pasaron de 7.790 hectáreas a 3.448 hectáreas en el mismo periodo, con una baja de 55,7%.

Según los expertos, esto se explicaría básicamente en la caída de los precios internos de los cereales. Ello habría desincentivado su producción y, por tanto, la demanda y uso de semillas certificadas, las que son vistas como más caras por parte de los agricultores.

Según cifras del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) el trigo representa casi el 59% de los semilleros bajo certificación nacional. Le siguen en importancia la cebada y la papa, con 15% y 8%, respectivamente.

A juicio de Schindler, la disminución de semilla  certificada lo único que trae son “aspectos negativos a nivel fitosanitario, a nivel de rendimiento. Y en definitiva los principales perjudicados son los pequeños agricultores”.

Según remarca el ejecutivo de Anpros, el uso de semilla certificada tiene una connotación especial para Chile. “En la medida que un país comienza a usar un mayor porcentaje de semilla certificada, es sinónimo de desarrollo. Es decir,  el aumento de la productividad en ese sentido va en beneficio de su  agricultura y de sus agricultores”, concluye.

Lo cierto es que retrocediendo en el tiempo, las cifras son más expresivas aún. Según recuerda Guillermo Aparicio, en los comienzos del programa de certificación de semillas, la producción de semilla certificada para el mercado interno alcanzó una gran importancia. Incluso, en los primeros años de la década de los setenta se establecieron un poco más de 50.000 hectáreas de semilleros.

“Esto significaba que gran parte de la semilla utilizada en el país, especialmente de los llamados cultivos tradicionales, era certificada. Esta situación fue cambiando gradualmente con el tiempo, lo que se ha reflejado en la caída experimentada por la superficie sometida a certificación en los últimos años, que ha llegado a no más de 4.000 hectáreas”, advierte.

Agrega que hoy la certificación de semillas en Chile tiene el carácter de voluntaria, coexistiendo en el comercio la semilla corriente con la certificada. “Mientras la primera está sometida al control oficial durante todas las etapas del proceso de producción, la corriente sólo es controlada en el comercio”, explica.

Por ello, a su modo de ver, existe una tarea pendiente. “La baja superficie destinada a la producción de semilla certificada a nivel nacional, impone la necesidad de que tanto el sector público como el privado, aúnen esfuerzos tendientes a incentivar y crear conciencia sobre la importancia del uso de semillas de calidad y legalmente reconocidas como tales. Ello implica, entre otras cosas, lograr que las semillas certificadas lleguen al agricultor a un precio razonable y que se combata eficazmente el comercio informal”, manifiesta.

De hecho, ya hay ejemplos al respecto. El Consorcio Tecnológico de la Papa, anunció hace un par de semanas que comenzará a combatir la “piratería” y perseguirá legalmente a quienes usen semillas con propiedad intelectual y no paguen el royalty correspondiente.

Schindler, por su parte, dijo que están trabajando para que el Proyecto de Ley que Regula Derechos Sobre Obtentores Vegetales, que se encuentra en segundo trámite constitucional en el Senado, cumpla con los acuerdos establecidos en el UPOV 91 (Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), que establece que todos los productores nacionales deben tener el registro intelectual, y pagar los derechos que ello implica, de todas las partes de las plantas, incluidos los frutos.

En ese plano, Anpros sostiene que esta ley debe establecer derecho de Propiedad; acotar el privilegio del agricultor; extender la protección a productos procesados; y proporcionar medios efectivos para el cumplimiento de la ley.

A juicio del agrónomo Sebastián Casanova, el uso de semillas certificadas tiene notables ventajas comparativas con las “corrientes”. Sin embargo, éstas no siempre son tomadas en cuenta por los productores a la hora de sembrar.  “Hay varios factores, como el costo o la incertidumbre en cuanto al precio que se pagará por la cosecha. Esto hace que muchos opten por abaratar costos, pero sacrificando producción. Es decir, pierden por un lado lo que ganaron por otro”, asegura.

ministerio

En este escenario, aparece como clave el rol del Ministerio de Agricultura. El seremi de la Región de Los Ríos, Juan Enrique Hoffmann,  enfatiza que es crucial que a nivel regional las entidades públicas, privadas y científicas “nos sentemos a discutir, y analizar el mercado de semillas,  fundamentalmente la  certificación ya que  a medida que un país utiliza mayor porcentaje de semilla certificada,  aumenta la productividad,  y hay mayor desarrollo que beneficia la agricultura”.

La idea – agregó Hoffmann- “es generar una línea base que nos permita trabajar como Gobierno en  políticas que aborden el tema,  y generar estrategias que aumenten la productividad, sustentabilidad y competitividad del sector”.

En tanto, más al sur están tomando medidas. _Como el  89% de la papa-semilla usada por los productores de la agricultura familiar campesina es proveniente de su propia cosecha, el Ministerio de Agricultura tomó cartas en el asunto.

A través del Indap lanzó un concurso destinado a la producción de semilleros de papas asociativos, con semillas legales, los que serán supervisados a través del SAG y para el que se han destinado recursos por $100 millones de pesos.

Ello, pues el reutilizar sus papas-semillas por años,  ha hecho que el insumo que se dispone no sea de buena calidad. Esto explicaría, entre otras cosas, que los tubérculos sean afectados por patógenos, especialmente de enfermedades virales y por hongos como el Tizón Tardío.

“Queremos renovar la semilla que actualmente producen nuestros agricultores, con semilla sana y de buena calidad. Lo importante, es que estos proyectos sean asociativos, donde dos o más productores, usuarios de Indap, puedan sembrar en conjunto”, comenta el director de Indap Los Lagos, Claudio Ernst.

El seremi de Agricultura de Los Lagos, Rodrigo Mardones, dijo que el rubro papas genera negocios por unos US$240 millones en la región, por lo que la pérdida se estima que bordearía los US$8 millones por efectos del tizón. Todo, por no usar semillas certificadas y de calidad.

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