El hombre que rompe mitos sobre el sector forestal

Publicado: 4 octubre, 2010 en Sin categoría

Daniel Contesse González es ingeniero forestal de la  Universidad de Chile (1970),  MBA. de la Universidad del Desarrollo (1997) y Master en Humanidades de esta misma casa de estudios (2007).  Es el gerente de Tecnología Silvícola de Forestal Mininco S.A y vicepresidente de la Corporación de la Madera (Corma) Bío Bío.

Además es el creador de Silvotecna, un simposio internacional que todos los años reúne a expertos en el área silvícola, donde se abordan temas del desarrollo forestal y su relación con el cuidado del bosque y respeto por el medio ambiente. Y de paso, es reconocido como un  fuerte promotor del cuidado del bosque  nativo y las zonas de protección, con especial énfasis en el cuidado del suelo, el agua, la flora y fauna.

Todo eso lo llevó a Temuco hace algunas semanas. “Mitos de las Plantaciones” se denominó la charla magistral que dictó en Inacap, donde enumeró los prejuicios que vive la actividad forestal en comparación a otros rubros.

“La minería en Chile está muy incorporada, no así la silvicultura, que llegó para quedarse y va a estar por mucho tiempo con nosotros, creando mucha riqueza; no olvidemos que después de la gran minería es la segunda actividad más importante”, destacó en la jornada.

Entre las conclusiones expuestas, Contesse señala que “nosotros no plantamos, sino que cultivamos, que es distinto. Tampoco explotamos, sino que cosechamos; la gente habla por ejemplo de especies exóticas y le da una connotación negativa. Yo me pregunto si esas especies serán tan exóticas que vengan de Neptuno o Plutón. Han estado siempre en la tierra y donde estuvieron originalmente no causaron ninguna devastación. El pino radiata que siempre se ha cultivado, viene de California y en California, donde lo puso Dios desde un primer momento, no ha causado en cientos de años ninguna devastación”, sostiene.

-¿Por qué cree que las plantaciones forestales tienen una connotación negativa para muchas personas?

-Primeramente, porque la “silvicultura”, muchos ya se van a preguntar qué es, no forma parte de nuestra algo contingente e isleña “cultura” nacional en el contexto de la historia y del mundo integrado de hoy.  Los silvicultores no “plantamos”, sino que cultivamos especies forestales, como lo hacen con las correspondientes especies, los agricultores, los fruticultores, etcétera. En Chile se deforestó avasalladoramente desde que llegaron los conquistadores y colonizadores, durante 4 siglos; los bosques eran “inextinguibles”  y nunca se plantó, ni menos cultivó árboles. Sólo se empezó a establecer y cultivar árboles de modo significativo y sistemático en el siglo XX, por recomendación de expertos, para cubrir eficazmente el suelo que había sido ya destruido por la agricultura y la ganadería, sin discernimiento.

-Acá se critica lo exótico…

-Es curioso como nuestra cultura asimile como totalmente chilenas las alamedas de álamo (porque pueden ser de otras especies), el traje de huaso, los caballos corraleros, los vacunos, todos elementos no oriundos o exóticos, y no se haga lo mismo con algunas especies forestales que llegaron a Chile hace más de un siglo como el eucalipto globulus en 1835 o el pino radiata en 1875 y que son las que muchos silvicultores y agricultores cultivan hoy en Chile. El kiwi, no oriundo o exótico, se asimila de lo más bien, no hay objeciones; y ahora con variedades transgénicas, lo que los silvicultores no hacemos, es un elemento incluso de la dieta chilena, como también el tomate, maíz, etcétera. Es cuestión de tiempo.

-Lo cierto es que a la silvicultura se le acusa, por lo bajo, del impacto en el paisaje…

-Se imputa a nuestros cultivos forestales, llamadas plantaciones, el cambio del paisaje chileno. La verdad, es que el paisaje original de estas latitudes, fue siendo trastornado radicalmente por la intervención de los conquistadores, colonizadores y otros posteriores, mucho antes que hubiera silvicultores en Chile, durante 4 siglos al menos. El uso de especies forestales de rápido crecimiento, como el pino radiata y eucalipto globulus, por ejemplo, se comenzó a hacer en nuestro país, por recomendación de expertos como Federico Albert y muchos otros, para cubrir y proteger el suelo que ya había sido muy mal tratado por intervenciones intensas y extensas, muy anteriores.  Lea usted “Oda a la Erosión” de Pablo Neruda. Esa erosión atroz, de cientos de miles de hectáreas en nuestro país, no sólo no la causamos los silvicultores, sino que hemos venido a atenuarla y a impedir que siga adelante. Hemos logrado cubrir rápida y eficazmente alrededor de 2 millones de hectáreas de las más erosionadas del país. Son los bosques de especies forestales de rápido crecimiento, los que proveen hoy en Chile más del 95% de la madera que se usa en nuestro país. Si no fuera así, ¿de dónde provendría dicha madera? Ya no quedaría nada de bosque nativo que sigue siendo cortado, principalmente para leña, pero no por los silvicultores.

-¿Entonces hay mitos sobre esta actividad que atentan contra el sector y el desarrollo del rubro?

-La falta de cultura forestal hace incurrir a mucha gente en errores, en pensar y decir muchas cosas que no son efectivas, que son prejuicios. Hay mucho texto, fuera de contexto, utilizado como mero pretexto o por desconocimiento. La silvicultura, siendo muy nueva en nuestra historia, exhibe estándares de uso de ciencia y tecnología, a nivel de los mejores del mundo. No obstante ello, el cultivo forestal sigue experimentando un progreso a ritmo acelerado, contemplando variables económicas, sociales y ambientales. Fue el primer sector en Chile, que se incorporó al proceso de las certificaciones internacionales, de modo sostenido y sistemático. Hoy camina en la certificación FSC, muy exigente en los aspectos ya mencionados. La empresa conoce muy bien el satisfacer las necesidades y requerimientos de la sociedad. Y en estas materias logrará en muy corto plazo, muy altos estándares de satisfacción, nacional e internacional, en los tres ámbitos antes indicados.

-Muchos señalan que pese a la gran riqueza que genera el sector forestal, las comunidades locales donde se desarrolla tienen altos niveles de pobreza ¿Cómo se explica eso ?

-En este tema, muy recurrente en el pensamiento y discurso de algunos, hay que separar primero lo atribuible al subdesarrollo estructural nacional o local, bastante propio de nuestra historia y fruto de muchos factores presentes en nuestra historia antigua y reciente. Y por otro lado, lo que pudiera ser atribuible a un sector determinado de la economía, en este caso el de los cultivos forestales de especies de rápido crecimiento. Estoy convencido que si esta actividad silvícola no se hubiera creado, la pobreza en el ámbito rural y aledaña, sería mucho mayor que la actual, con el agravante de un mucho mayor deterioro de nuestros recursos naturales, principalmente el suelo. Los cultivos forestales, en un 92% de su extensión, han sido hechos en suelos muy erosionados, donde muchas veces sólo había sobrevivencia humana.

-¿O sea sí hay un impacto postivo demostrable?

-Lo interesante sería apreciar esto desde la perspectiva del “vaso medio lleno” y observar los cientos de miles de empleos, una gran cantidad de ellos de buen nivel en la industria, transporte, cosecha de bosques, servicios, puertos, viveros, etc., que provee y seguirá generando sostenidamente la silvicultura en Chile. Los más de 10 millones de hectáreas de bosque nativo que debemos cuidar y conservar en el país, prácticamente no proveen empleo propiamente tal. Hay comunidades locales vecinas a los cultivos forestales que efectivamente son muy pobres. ¿Lo son por causa de estos cultivos? Nosotros, como sociedad nos hemos equivocado en el diseño de políticas y estrategias que han causado la pauperización de mucha gente en nuestro país, tanto en ámbitos rurales como urbanos. Los silvicultores no somos responsables de la conducta que como sociedad hemos tenido con muchas de estas comunidades, desde hace siglos, y que han causado una situación “estructural” grave que no le podemos pedir a un sector determinado de emprendimiento que lo resuelva; particularmente en el ámbito de la instrucción y la educación que no son la misma cosa.

-¿Es decir hay un rol del Estado?

-El Estado de Chile ha sido dirigido por muchos gobiernos; ha habido muchos parlamentos que no pudieron en su tiempo dar con una senda de un crecimiento y progreso sostenido y significativo para mucha gente muy marginada de una sociedad más próspera. Sí podemos decir que la industria forestal como un todo, sustentada por una de las mejores silviculturas del mundo, ha hecho y seguirá haciendo una contribución enorme al progreso de cientos de miles de trabajadores y brindadores de servicios, y el de sus respectivas familias.

-Usted en el seminario realizado en Temuco reflexionó sobre la nobleza de la silvicultura. ¿Cree que es vista de la misma manera por la opinión pública?

-No conozco el que la agricultura sea impugnada por malas prácticas; por ejemplo, destruir el suelo (arando inadecuadamente), hacer muy mal uso del agua, hacer aún más mal uso de químicos, rozando con fuego con todos los efectos negativos correspondientes. La agricultura, sin embargo, es “noble” por naturaleza: produce alimentos, da subsistencia o sobrevivencia  a muchas personas. Está totalmente asimilada a nuestra mentalidad, independientemente de sus buenas o malas prácticas económicas, sociales y ambientales. Es sólo un ejemplo. En Chile nunca fue falta de “nobleza”, quemar, destruir, cortar indiscriminadamente millones de hectáreas de bosques, durante al menos 4 siglos. No lo reprocho, porque no fui colono que tuviera la necesidad de hacerlo, porque se hacía para actividades “nobles”, como la agricultura y la ganadería. Sólo en Aysén, fomentado por el Estado de Chile, se quemaron más de 2 millones de hectáreas de bosque nativo. La opinión pública nos importa muchísimo, pero todos debemos contribuir a tener una opinión más ajustada a la historia y a la armonía de la interpretación de la realidad.

-¿Por dónde pasa un eventual cambio de mirada de la actividad silvícola? ¿Hay un trabajo pendiente de la industria?

-Seguir progresando aceleradamente como lo hemos venido haciendo; incorporando ciencia y tecnología; seguir introduciendo adecuados cambios a un cada mejor sentido de responsabilidad social y ambiental empresarial. Estamos en un proceso de certificación FSC, donde mucho más que el certificado mismo, lo que nos interesa de veras, es incorporar plenamente, una mirada y correspondientes acciones de un siglo XXI, a todo nuestro quehacer integral, profesional y empresarial.

Según Contesse, existen al menos cinco prejuicios en torno a las plantaciones forestales. Aquí, el vicepresidente de Corma, los desmitifica.

1- Las plantaciones han sustituido al bosque nativo

“Más del 92 % de las plantaciones de especies forestales de rápido crecimiento, han sido hechas en los suelos más erosionados del país”.

2- El pino acidifica el suelo

“El concepto de “cultivo” y no de mera “plantación”, implica realizar todas las acciones para impedir o mitigar posibles efectos negativos; para la acidez, existe la cal, muy barata; pero el cambio de acidez en suelo es de bajísimo monto y en muy largo plazo”.

3- Las plantaciones han causado la migración campo ciudad

“No hay país desarrollado en el mundo que tenga más de 9% de población rural y Chile no será una excepción. En Chile hay comunas que tienen más del 30 % de su población viviendo en el área rural. La migración campo-ciudad, ocurrirá con o sin silvicultura; hay migración campo ciudad muy intensa de muchas comunas netamente agrícolas”.

4- Las plantaciones han disminuido el agua disponible

“Antes, en donde hoy hay cultivos forestales, el agua escurría superficialmente, a la vista, por un suelo desnudo, causando el gravísimo efecto de la erosión. Hoy el agua impacta el follaje de los cultivos forestales, escurre más lentamente al suelo, sin impactarlo e infiltra en suelo, sin arrastrarlo. El agua no se pierde; habrá que obtenerla a partir de pozos subterráneos adecuados, cuando sea necesario”.

5- Las plantaciones se realizan con especies forestales exóticas

“No hay ningún aspecto de nuestras vidas o emprendimiento humano, donde no haya “elementos” no oriundos (“exóticos”), empezando por nosotros mismos, todos venidos desde afuera (incluyendo a los mapuche). No obstante, ninguno de dichos elementos son extraplanetarios. Y donde estuvieron originalmente, no causaron ninguna devastación por sí mismos, salvo el hombre, que con algunos pensamientos y acciones algo primitivos y reaccionarios, ha podido causar estragos a lo largo de la historia.

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