Este hombre es una verdadera “máquina”

Publicado: 25 octubre, 2010 en Sin categoría

Don Luis Vásquez trabajó por 32 años en Inia Carillanca -como jefe de mantención-. Hasta 1993. Ese año este técnico industrial se embarcó en un nuevo proyecto: fabricar maquinaria agrícola a pedido para la pequeña agricultura.

Hoy ya  ha perdido la cuenta de cuántas máquinas ha desarrollado en su taller de calle Santiago Watts, en Temuco y con la marca característica: Maquinaria LV.

Allí junto a su socio Francisco Huinca culminan por estos días su última creación: una trilladora estacionaria que puede ser tirada con una camioneta o bueyes.

Fue diseñada por ellos mismos para el municipio de Curarrehue que la utilizará en las comunidades indígenas de la zona. “Nosotros diseñamos y construimos de acuerdo a las necesidades de los pequeños productores. Una máquina como ésta puede solucionar muchos problemas productivos en las comunidades mapuche”, sostiene entusiasmado con su última joyita “made in” Temuco.

Lo cierto es que esta trilladora tiene algo especial. Vásquez cuenta que fue un verdadero desafío fabricarla. Durante dos meses y medio han trabajado de manera de estandarizarla, para luego, eventualmente, replicarla las veces que sea necesario.

“El problema es que como nosotros desarrollamos todo, gastamos mucho tiempo y recursos en las pruebas y los ensayos. Y ese costo lo asumimos durante muchos años. Por ello, al estandarizar esta máquina, podremos copiar el diseño en otras que hagamos las veces que queramos. Y en eso estamos ahora”, cuenta.

de dulce y agraz

Pero no todo ha sido éxito en la vida de este técnico industrial. También ha pasado  momentos duros. Como en 1995 cuando debido a las deudas perdió el taller que tenía. “Partimos de cero y aquí estamos otra vez”, dice sonriendo cuando se le pregunta si es un “giro sin tornillo”.

Otro de sus hitos sucedió en 2005.  Entonces vinieron desde Colchane, a unos 250 kilómetros de Iquique, tras contactarlo a través de Indap, para hacerle un pedido muy específico.

Los agricultores nortinos querían una máquina especialmente diseñada para la siembra en zonas áridas. Según recuerda Vásquez, el resultado fue la única máquina en Chile, Sudamérica y quizás en el mundo, que es capaz de sembrar quínoa orgánica.

Además ha incursionado en las máquinas de cero labranza, para incorporar materia orgánica a los arándanos y para siembra de cereales y leguminosas, entre muchas otras.

el socio

Luis Vásquez cuenta que lo han contactado de Argentina y Brasil para conocer su trabajo y que durante los últimos 15 años ha fabricado maquinarias para realizar ensayos en universidades, laboratorios y el Inia. Todo junto a su socio.

Francisco Huinca es ingeniero mecánico y según Vásquez, es el sucesor. “Sabe mucho y hemos trabajado juntos desde hace varios años”, dice con cariño.

De pocas palabras, Huinca señala que a su juicio faltan políticas gubernamentales que apoyen el trabajo de las comunidades en este nivel: la adquisición y el uso de la tecnología a su medida. En efecto, sostiene que las necesidades de los pequeños campesinos no pueden ser resueltas con las grandes maquinarias disponibles en el mercado, por una cuestión de costos, por lo que este tipo de equipos aparece como ideal.

Así lo ratifica Vásquez, quien enfatiza en que por ejemplo la trilladora que están a punto de “dar a luz” ni siquiera requiere de mantención para su trabajo. “Sólo un engrasado de vez en cuando”, advierte.

Y agrega que las máquinas como éstas no existen en el mercado en la actualidad. Ello, pues son réplicas de las antiguas que se usaban en los campos -que luego se descontinuaron-, pero mejoradas y adaptadas a la realidad geográfica de la zona.

“La verdad es que hemos pasados periodos buenos y malos. He dedicado mi vida a esto y así seguiré. Mis hijos me dicen que ya está bueno, pero qué me voy a quedar haciendo en la casa. Mejor trabajo y seguimos creando para aportar a la pequeña agricultura”, sostiene mirando su última creación que está en su etapa final.

Mientras eso ocurre en su taller del sector Pueblo Nuevo, piensa en todas las máquinas que llevan su sello en diversos campos de Chile: una LV, que es la marca registrada de este persistente industrial temuquense.

La última trilladora

Esta trilladora estacionaria desarrollada por LV (maquinaslv@gmail.com, fono 92650017) tiene un costo de unos 10 millones de pesos y a juicio de su creador, es una verdadera ayuda para las comunidades indígenas que requieren de soluciones a su medida.

Según sus cálculos, puede trillar unos 50 sacos de trigo por hora y tiene un costo de uso de unos 2.000 pesos por hora en combustible.

Según comenta, dependiendo de los resultados, el municipio de Curarrehue postularía a un proyecto para comprar a lo menos un par más.

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